Dice una leyenda popular, que dejando atrás la cuesta blanca, tras caminar unos 500 metros y doblar en ángulo a la derecha, una serpiente asustó el carromato tirado por dos caballos en el que iba la Virgen de los Remedios con El Niño en brazos, y al mismo tiempo un lobo apareció apoyando su pata en una piedra en forma de pico para asustar a dicha serpiente.

Para dejar constancia en dicho lugar, una fuerza divina marcó en la piedra la huella del lobo, y en el suelo, en una piedra, la huella del recorrido de la serpiente, la pisada de la Virgen, y la de El Niño. En la actualidad varias de dichas huellas permanecen visibles (Especialmente la del lobo y la Virgen).